Matar(me) y no morir.
“Todas las noches que me mato resucito con el desayuno.”
Son mis propias palabras las que me matan, todo eso que me digo a mi misma cuando estoy sola con mi propia compañía. Los autorreproches, mis errores, las malas decisiones, los “no”, los “casi”. Todos mis defectos vienen a mi mente. Cuando anochece se me aparecen de repente, como si fueran fantasmas, espíritus de vidas pasadas que siguen vigentes y que me asustan como si fueran presentes.
Se sienten vivos, reales, porque yo les doy el permiso, los hago pasar (indirectamente), para que me lastimen. Yo misma me provoco cada golpe, cada dolor que sufre mi alma, me daño, me hago sangrar por dentro y llorar por fuera. Me duele, me duelo. Y me pregunto:
¿Qué hago acá?, ¿Para qué estoy acá? ¿Hasta cuándo, y cuánto más me voy a tener que aguantar a mi misma?
Me pesa, me sofoco, me agredo todo el tiempo, me someto incansablemente a patrones de conducta (propios y ajenos), a repeticiones de estos patrones que no hacen más que reafirmar el poco valor que creo tener, mi falta de amor, mi búsqueda, mi necesidad de querer y ser querida. Yo sola me reabro viejas heridas, las expando, estiro mi piel lastimada, la estiro con fuerza, multiplicando el dolor, impidiendo que sane.
Quiero, pero no me permito sanar.
Me hace mal. Me hago mal. Necesito parar, respirar, cerrar los ojos, expulsar, vaciar mi cabeza de tanta oscuridad. Volver a empezar cada día, cada mañana, con cada sol. Para sobrevivir necesito desahogar mi angustia, todo el dolor, todo el odio que siento.
En cada anochecer me muero, me mato, sin piedad. Pero cada vez que veo un nuevo amanecer, vuelvo a vivir e intento quererme un poco más, aceptarme, abrazarme, no ser tan dura conmigo misma. Exigirme un poco menos.
Vuelvo a esforzarme en levantar la mirada y ver el sol que sale por el Este. Su luz cálida me abre los ojos, me obliga a abrirlos. Ahí me doy cuenta que sigo estando acá, sobreviví un día más. En mi caos interno que tanto me hiere y tanto me destruye, no es poco morir y resucitar al otro día, volver a nacer. Por hoy lo logré, mañana ya no sé. (Espero que también).